Tengo que decir que tanto en esta sesión como en la anterior he disfrutado muchísimo. Han sido dos de los momentos en los que más me he concentrado en mi trabajo, olvidándome de que estaba en una clase llena de gente (quizás por el simple hecho de tener los ojos tapados, no lo sé).
Durante este segundo día de trabajo con el barro, la tarea que nos mandó la profesora fue algo más complicado: modelar nuestro rostro en barro. Todos nos pusimos manos a la obra y conseguimos resultados muy curiosos y en algunos casos graciosísimos (y sino preguntarle a Rosa, que cuando se quitó el antifaz me chivó que mi autorretrato tenía un gran parecido a Yoda).

Cómo me fue y qué saco de la actividad: Como ya he dicho, he disfrutado muchísimo de este ejercicio y creo que he aprovechado al máximo la experiencia. He tratado de conectar mis manos a mi imaginación y visualizar qué partes de mi rostro estaba modelando en cada momento.
Desde el punto de vista educativo, pienso que esta actividad puede ser muy productiva y positiva para trabajar la percepción y el uso de los diferentes sentidos. Creo que demostrar a nuestros alumnos cómo cada uno de nuestros canales sensitivos cobran mayor protagonismo si prescindimos de alguno, puede ser una experiencia muy grata e interesante para ellos, tengan o no tengan deficiencias.

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